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El físico marca el límiteEl pasado sábado 18 de abril se disputó un encuentro clave en la parte alta de la clasificación entre Navalcan y Puebla, un duelo directo que exigía no solo acierto, sino también consistencia competitiva durante los noventa minutos. Y fue precisamente ahí donde el equipo dejó en evidencia una de sus mayores carencias actuales: la preparación física.La primera mitad ofreció una versión sólida y comprometida del equipo. Bien organizado, con intensidad en la presión y criterio en la circulación, generó varias ocasiones claras de gol que no supo concretar. Aun así, fruto del trabajo colectivo, llegó el 0-1, un tanto que hacía justicia a lo visto sobre el terreno de juego. Con ventaja en el marcador, el equipo supo controlar el ritmo del partido, minimizando las llegadas del rival y transmitiendo sensación de seguridad hasta el descanso.Tras la reanudación, el guion se mantuvo durante los primeros minutos. El equipo continuaba firme, bien posicionado y con opciones de ampliar la ventaja. La ocasión de Jaime, desbaratada por una gran intervención del guardameta local, pudo haber supuesto el 0-2 y, probablemente, un punto de inflexión definitivo. Sin embargo, no se materializó, y el partido quedó abierto.A partir del minuto 60, el encuentro dio un giro preocupante. Tres sustituciones obligadas por problemas físicos —Andrés, Aitor y Mario— desestructuraron completamente al equipo. No se trató de acciones puntuales o fortuitas, sino de una cadena de incidencias que evidencian un problema más profundo y sostenido en el tiempo. La acumulación de molestias musculares y la incapacidad para mantener el nivel físico competitivo resultan, a estas alturas de la temporada, difícilmente justificables.El rival, lejos de desaprovechar la situación, interpretó perfectamente el momento del partido. Empató desde el punto de penalti y, apenas cinco minutos después, culminó la remontada ante un equipo ya sin respuesta, superado tanto física como mentalmente.Más allá del resultado, este partido debe servir como un punto de inflexión. No es un hecho aislado, sino la confirmación de una tendencia preocupante que se ha ido acentuando en las últimas jornadas. Si el equipo aspira a competir con garantías en el tramo final de la temporada, resulta imprescindible realizar una autocrítica profunda. El fútbol no se sostiene únicamente en momentos de buen juego; exige continuidad, resistencia y preparación. Y, a día de hoy, el físico no está a la altura de las exigencias competitivas.
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